El fenómeno climático conocido como El Niño 1997‑98 fue uno de los más potentes del siglo pasado y dejó huella también en aguas y ecosistemas de Baja California y el Golfo de California. Aunque no fue un desastre que todos recuerden como una tormenta o inundación, sus efectos se sintieron fuerte en el ambiente marino y la naturaleza local.
Durante ese periodo, el agua del mar cerca de la península se calentó mucho más de lo normal por más de un año, algo que cambió el comportamiento de especies marinas y la base de la vida en el océano.
Las 5 cosas que pasaron en El Niño de 1997 en BC:
Aguas superficiales mucho más cálidas: Las temperaturas del mar frente a Baja California estuvieron varios grados por encima de lo habitual, afectando toda la vida marina de la zona.
Zooplancton disminuido: La cantidad de pequeños organismos que sirven de alimento para peces bajó notablemente en varias áreas del Pacífico frente a la península.
Cambios en especies de peces: Durante el fenómeno, algunas especies templadas escasearon y aumentaron especies tropicales en zonas donde normalmente no se veían.
Mantos de algas reducidos: Grandes bancos de algas como Ulva lactuca disminuyeron hasta un 70 % en área y hasta 80 % en biomasa por el calor del agua.
Fauna costera afectada: Las condiciones marinas provocadas por El Niño redujeron drásticamente la reproducción de aves marinas en la región, con posibilidades de pérdida de crías y esfuerzos de anidación muy bajos.
Así, aunque quizá no se recuerde como una tormenta gigante que arrasó casas, El Niño 97‑98 sí “azotó” de manera silenciosa pero poderosa los ambientes naturales locales, modificando la vida del mar y de muchas especies que dependen de él.
Y ahora vuelve la alerta: meteorólogos han señalado que un nuevo evento de El Niño podría llegar en unos meses, lo que pone nuevamente a científicos y comunidades costeras pendientes de cómo afectará al clima y naturaleza de la región. Aunque cada fenómeno de El Niño es diferente, el recuerdo de 1997‑98 sirve para recordar que sus impactos no solo se sienten en el clima, sino también en la vida que depende del océano.
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