Desde el terreno que une al Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, aficionados y astrónomos presenciaron una alineación planetaria impresionante. La vista, que combinó los volcanes con los cuerpos celestes, ofreció un espectáculo natural que evocó la manera en que nuestros antepasados contemplaban las estrellas, convirtiendo el cielo en una verdadera obra de arte.