El golpe de calor es un aumento peligroso de la temperatura corporal que ocurre cuando el cuerpo pierde su capacidad de regular el calor. Si no se trata a tiempo, puede provocar fallos graves en varios órganos e incluso la muerte. A diferencia del agotamiento por calor, en este caso la fiebre puede superar los 39-40 °C, la piel se siente caliente y seca, y la persona puede presentar confusión o incluso entrar en coma.
¿Cómo saber si tienes un golpe de calor?
Este trastorno suele aparecer en días de calor extremo, durante olas de altas temperaturas, o al realizar ejercicio intenso en condiciones de calor y humedad.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la fiebre alta, la alteración del nivel de conciencia, piel caliente y seca, calambres musculares, debilidad generalizada, dolor de cabeza, mareos, náuseas y vómitos. Además, pueden aparecer alteraciones cardiovasculares y respiratorias, como pulso irregular y respiración acelerada, lo que indica que el cuerpo está intentando compensar el calor.
Los calambres y la debilidad muscular suelen aparecer en las primeras fases, especialmente en quienes realizan actividad física sin hidratarse correctamente. La deshidratación y los desequilibrios de electrolitos contribuyen a estos síntomas, que pueden empeorar si no se actúa rápido.
Ante estas señales, es fundamental actuar de inmediato: buscar un lugar fresco, hidratarse, aplicar compresas frías y, si los síntomas son graves, acudir a urgencias. Reconocer a tiempo un golpe de calor puede salvar vidas, sobre todo durante los días más calurosos del año.
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