La investigadora Katy Payne fue una de las primeras científicas en estudiar este fenómeno en 1984, descubriendo que los elefantes podían enviarse mensajes, es decir “hablan” a través de sonidos casi invisibles para nosotros. Gracias a estas vibraciones, una manada puede comunicarse a kilómetros de distancia para advertir peligros, encontrar agua, coordinar movimientos o transmitir información importante.