Un conductor que circulaba a 260 km/h sufrió un aparatoso accidente en una de las famosas Autobahn de Alemania, donde existen tramos en los que no hay un límite máximo de velocidad establecido.
A esa velocidad, cualquier imprevisto puede convertirse en cuestión de segundos en un accidente de graves consecuencias, debido al reducido tiempo disponible para reaccionar.
Uno de los principales riesgos de conducir a velocidades extremas es encontrarse con otro vehículo que cambie de carril de manera inesperada. A 260 km/h, la distancia se recorre en cuestión de instantes, por lo que una maniobra repentina puede dejar prácticamente sin margen de reacción al conductor.
El fuerte impacto evidencia los riesgos que implica llevar la velocidad al límite, incluso en carreteras diseñadas para circular rápidamente.













