Dos sistemas de IA fueron puestos a conversar en una competencia tecnológica con el objetivo de ver como se comunican entre maquinas.
Al principio se comunicaban como humanos, pero reconocerse como sistemas automatizados cambiaron a un lenguaje más inteligente que utiliza mensajes de sonido, frecuencias y ondas para transmitir información.
El propósito del experimento, llamado Gibberlink, fue demostrar cómo las máquinas pueden optimizar su comunicación cuando no dependen del lenguaje humano.