El cambio repentino de horarios después de semanas de vacaciones puede provocar una sensación parecida al “jet lag” durante los primeros días de clases, mientras el cuerpo se adapta nuevamente a la rutina.
Dormir menos también puede afectar la concentración y la memoria, lo que puede hacer más difícil prestar atención en clase, realizar tareas o mantener el mismo rendimiento académico que antes de las vacaciones.
El impacto no es solamente físico. El cansancio puede provocar irritabilidad, cambios de humor, estrés y hasta falta de motivación para realizar actividades escolares o extracurriculares.
Para facilitar la transición, los estudiantes pueden comenzar a ajustar sus horarios de sueño poco a poco antes de regresar a clases.
Dormirse un poco más temprano, aprovechar la luz natural al despertar y evitar las pantallas antes de dormir son algunas formas de ayudar al cuerpo a recuperar su rutina.
Volver a madrugar para regresar a clases puede afectar durante los primeros días.