Hay una leyenda en Tijuana sobre la presencia de un vampiro que ronda la ciudad.
Esta surgió a mediados de los años 60 y generó psicosis colectiva que paralizó las noches en las colonias populares de Tijuana; desde la Libertad hasta las faldas del Cerro Colorado.
La leyenda describe a un hombre alto, con una capa oscura o gabardina que es capaz de brincar de más de tres metros sin hacer ruido y además, tiene sed de sangre humana y animales domésticos.
Con el paso del tiempo se descubrió la realidad. Se trataba de un agresor serial que aprovechaba la falta de alumbrado público y la precariedad para asechar a mujeres y asaltar personas.













