Islandia fue azotada por un ciclón bomba que rompió un récord de presión atmosférica para octubre que se había mantenido durante 63 años. El fenómeno provocó condiciones marítimas peligrosas, con olas impredecibles que rompían contra la costa. Pese al riesgo, algunas personas se acercaron al mar, exponiéndose a la fuerza del oleaje.