Julieta Ramírez parece haber encontrado la fórmula perfecta para sobrevivir a las preguntas incómodas: si preguntan por la polémica, se cambia de tema; si vuelven a preguntar, se cambia otra vez. Un libreto que ya incluye el infaltable “todo es un complot” y que parece haberse convertido en recurso compartido entre algunos funcionarios para salir ilesos de cualquier cuestionamiento. El detalle es que, mientras la narrativa cambia, las imágenes, las lonas y los panfletos siguen ahí, precisamente el material por el que Ramírez ya recibió un llamado de atención de la autoridad electoral.












