La noche del 28 de octubre de 1746, un terremoto de magnitud superior a 8 sacudió Lima, entonces capital del virreinato del Perú, y destruyó numerosas viviendas, iglesias y conventos. Miles de personas quedaron atrapadas entre los escombros y aproximadamente media hora después, un tsunami golpeó el puerto del Callao, arrasó construcciones y arrastró embarcaciones tierra adentro. De los más de 5.000 habitantes del puerto, solo una pequeña parte logró sobrevivir.
La catástrofe dejó profundas consecuencias en la costa peruana y marcó la historia religiosa de la región. La devoción al Señor de los Milagros, cuya imagen había resistido el terremoto, adquirió mayor fuerza entre los sobrevivientes y se convirtió en una de las tradiciones religiosas más importantes del Perú.













