En octubre de 2002, cientos de personas quedaron atrapadas durante un asedio armado en el teatro Dubrovka, en Moscú. Después de varios días de tensión, las fuerzas especiales rusas introdujeron un agente químico por los conductos de ventilación para incapacitar a los secuestradores y liberar a los rehenes. Sin embargo, el operativo tuvo consecuencias devastadoras: más de 130 personas murieron por los efectos de la sustancia.