El noroeste de Estados Unidos mantiene la mirada puesta en la Cordillera de las Cascadas, una región donde se encuentran varios volcanes activos y que ha obligado a especialistas a estudiar cómo responder ante una futura erupción. Sin embargo, el peligro no necesariamente estaría limitado a la actividad volcánica, ya que uno de los mayores riesgos podría llegar en forma de violentos flujos de lodo conocidos como lahares.
La preocupación está relacionada con volcanes como el Monte Santa Helena, en el estado de Washington, cuya devastadora erupción de 1980 demostró la capacidad que tienen estos fenómenos para transformar el paisaje y afectar a comunidades enteras.
¿Qué pasó durante la erupción del Monte Santa Helena?
El 18 de mayo de 1980, el Monte Santa Helena registró una de las erupciones volcánicas más destructivas en la historia moderna de Estados Unidos. El evento estuvo precedido por un terremoto de magnitud 5.1 y provocó el colapso de una parte del volcán.
La erupción dejó 57 personas muertas y ocasionó alrededor de 860 millones de dólares en daños a carreteras, vías férreas, infraestructura, viviendas y a la industria maderera.
El desastre también permitió comprender que los efectos de una erupción pueden extenderse mucho más allá del cráter. Grandes cantidades de agua, sedimentos y material volcánico pueden desplazarse por las laderas y los cauces de los ríos, convirtiéndose en una amenaza para poblaciones ubicadas a varios kilómetros de distancia.
¿Qué son los lahares y por qué son peligrosos?
Los lahares son flujos de lodo y escombros volcánicos que se forman cuando grandes cantidades de agua se mezclan con ceniza, rocas, tierra y otros materiales acumulados en las laderas de un volcán.
Estos flujos pueden avanzar rápidamente por los valles y cauces de los ríos, arrastrando árboles, vehículos, estructuras y grandes cantidades de sedimentos a su paso.
Por ello, los especialistas consideran que los lahares pueden representar una de las amenazas más importantes para las comunidades ubicadas alrededor de los volcanes de la Cordillera de las Cascadas. Su impacto no necesariamente se limita al momento de una erupción, ya que determinados depósitos volcánicos pueden permanecer en las laderas y posteriormente ser movilizados por lluvias intensas, deshielo u otros fenómenos.
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