La NASA confirmó la pérdida definitiva del orbitador MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile Evolution), una de las misiones más importantes para el estudio de Marte durante la última década. La nave espacial dejó de comunicarse con la Tierra en diciembre de 2025 y, tras seis meses de intentos por restablecer el contacto, fue declarada oficialmente como “irrecuperable”.
¿Cuál era el objetivo de MAVEN?
Lanzada en 2013, MAVEN tenía como principal objetivo estudiar la atmósfera superior del planeta rojo y determinar cómo perdió gran parte de los gases que alguna vez pudieron haber permitido la existencia de agua líquida en su superficie. Durante casi trece años de operaciones, la misión proporcionó información fundamental para comprender la evolución climática de Marte.
Según los análisis preliminares de la agencia espacial estadounidense, la sonda comenzó a girar de manera inesperada después de pasar detrás de Marte, alterando su orientación y provocando el agotamiento gradual de sus sistemas de energía. Esta situación terminó por interrumpir definitivamente las comunicaciones con la Tierra.
Uno de los mayores legados científicos de MAVEN fue explicar con detalle el fenómeno conocido como “fuga atmosférica”, un proceso mediante el cual los gases de la atmósfera escapan al espacio exterior. Gracias a los instrumentos de la misión, los investigadores observaron cómo el viento solar interactúa con las capas superiores de la atmósfera marciana, acelerando la pérdida de partículas y contribuyendo a la transformación del planeta.
Los científicos clasifican este fenómeno en dos mecanismos principales: los térmicos, cuando las moléculas adquieren suficiente energía para escapar de la gravedad del planeta, y los no térmicos, impulsados por la radiación solar, campos magnéticos y procesos fotoquímicos.
La profesora Shannon Curry, del Departamento de Astrofísica y Ciencias Planetarias, destacó que MAVEN permitió desarrollar el conocimiento más detallado hasta ahora sobre la fuga atmosférica de Marte, convirtiéndolo en un laboratorio natural para estudiar otros mundos rocosos.
Además de su trabajo científico, la nave desempeñó un papel crucial como repetidor de comunicaciones para los vehículos de exploración en la superficie marciana, incluidos los rovers Curiosity y Perseverance.
Aunque la misión llegó a su fin, la NASA asegura que los datos recopilados durante más de once años continuarán siendo analizados por investigadores de todo el mundo. Su legado ayudará a responder una de las grandes preguntas de la exploración espacial: cómo un planeta que pudo albergar agua y condiciones favorables para la vida terminó convirtiéndose en el desierto helado que conocemos hoy.
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