El regreso a clases puede sentirse como un pequeño choque después de varias semanas de vacaciones. Levantarse temprano, dejar las pantallas, cumplir horarios y retomar tareas no ocurre de un día para otro.
En promedio, los alumnos necesitan entre 5 y 10 días para volver a adaptarse por completo a la rutina escolar, según expertos del IPEBC.
En algunos casos, especialmente entre estudiantes de primaria y secundaria, el proceso puede extenderse hasta una o dos semanas.
Esto sería debido a que durante las vacaciones, los horarios suelen volverse más flexibles. Acostarse y levantarse más tarde modifica el reloj biológico, por lo que regresar de golpe a las mañanas escolares puede provocar cansancio y dificultad para concentrarse.
En primaria, los niños pueden mostrar más fatiga física, irritabilidad o resistencia al comenzar el día.
En el caso de los estudiantes de secundaria, el problema suele estar más relacionado con el desajuste del sueño y la dificultad para recuperar la motivación frente a tareas y responsabilidades.
El regreso a clases, en definitiva, es un periodo de transición. Unos días de cansancio, quejas o falta de motivación pueden formar parte del proceso mientras el cuerpo y la mente vuelven a encontrar su ritmo.













