Las llamadas nubes aborregadas suelen generar dudas cuando aparecen en el cielo, especialmente por la creencia de que podrían anticipar un sismo. Sin embargo, la ciencia mantiene una postura clara sobre esta relación.
¿Qué son las nubes aborregadas?
Las llamadas ‘nubes aborregadas’ reciben este nombre por su apariencia, ya que forman pequeños grupos o manchas que recuerdan a un rebaño de ovejas. En términos meteorológicos, muchas de estas formaciones corresponden a altocúmulos (Altocumulus), nubes de nivel medio que suelen encontrarse entre los 2,400 y 6,100 metros de altura, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (NOAA).
Su formación está relacionada con la presencia de humedad y movimientos del aire en distintas capas de la atmósfera. Dependiendo de las condiciones, pueden estar compuestas principalmente por gotas de agua y, cuando las temperaturas son suficientemente bajas, también por cristales de hielo.
En cuanto a sus colores, normalmente presentan tonalidades blancas o grises, aunque su aspecto puede cambiar por la posición del Sol, especialmente durante el amanecer o el atardecer. Por sí solas, estas nubes no significan que vaya a ocurrir un terremoto y deben interpretarse como un fenómeno atmosférico.
¿Las nubes aborregadas son señal de sismo?
La creencia de que las nubes aborregadas pueden ser un precedente de un sismo surgió a partir de observaciones y teorías que plantean que ciertos cambios físicos en la corteza terrestre podrían generar alteraciones en la atmósfera antes de un terremoto.
Sin embargo, esta hipótesis no está comprobada científicamente. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que no existe actualmente un método confiable para predecir cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto. El organismo también indica que los terremotos no tienen relación comprobada con las nubes ni existe evidencia suficiente para considerar este fenómeno un predictor sísmico.
De hecho, el USGS analizó reportes que relacionaban formaciones nubosas lineales con terremotos y encontró numerosos casos similares sin que ocurriera actividad sísmica asociada, por lo que no identificó una relación estadística evidente.
Por ello, aunque las nubes aborregadas pueden llamar la atención antes de un movimiento telúrico, su presencia no significa que un sismo esté por ocurrir.