A mediados del siglo XX, estaciones marítimas del estrecho de Malaca recibieron un mensaje en código morse del buque holandés SS Ourang Medan, en el que se alertaba que toda la tripulación yacía sin vida. La transmisión terminó con las palabras “me muero”, antes de perderse la comunicación.
Cuando los rescatistas abordaron la embarcación, encontraron a los tripulantes muertos sobre cubierta, sin heridas visibles. Antes de que pudieran remolcar el barco, un incendio comenzó en la bodega y provocó su hundimiento en cuestión de minutos, llevándose consigo los detalles de lo ocurrido.













