Una imponente tormenta de arena arrasó con el desierto de Yadan Negro, ubicado en la provincia de Qinghai al noroeste de China, devorando por completo el paisaje en cuestión de minutos.
El fenómeno meteorológico fue impulsado por vientos de gran intensidad que levantaron toneladas de sedimentos secos, formando una colosal pared de polvo que tiñó el cielo de marrón y borró por completo la línea del horizonte.
Durante la fase más crítica del temporal, la visibilidad cayó a menos de 200 metros y el bloqueo casi total de la luz solar transformó repentinamente el día en una densa oscuridad.