En la Sánchez Taboada hay historias que no se construyeron de la noche a la mañana y el señor José Roberto es ejemplo de ello. Un hombre que a pesar de los derrumbes que hoy marcan esta zona, recuerda cómo con sus propias manos levantó su casa. Le tomó ocho años, ocho años de trabajo duro para formar un patrimonio que hoy ve cómo se quiebra, se hunde y cae a pedazos frente a sus ojos.