El consumo de pescados y mariscos va en aumento durante la temporada de Cuaresma y Semana Santa, al tratarse de una de las tradiciones de origen religioso más populares. Por lo tanto, es importante conocer cómo comprar estos productos y evitar consumir pescado y mariscos en mal estado o poco frescos.
¿Cómo elegir pescados y mariscos?
Una de las principales recomendaciones es comprar en establecimientos que cuenten con refrigeración o congelación adecuada.
Un buen puesto o pescadería mantiene el producto sobre abundante hielo limpio, protegido del sol y separado del agua estancada. Si se trata de producto congelado, debe permanecer completamente sólido, sin señales de descongelación.
La textura y apariencia de la carne es clave: Cuando compres pescado entero, hay indicadores fáciles de reconocer. Los ojos deben ser claros, brillantes y ligeramente saltones; si lucen hundidos u opacos, la frescura ya se perdió.
Además, las branquias deben ser rojas o rosadas, y la carne debe sentirse firme y elástica al presionarla.
Otro punto clave es el olor: El pescado fresco tiene un aroma suave y limpio, nunca debe oler ácido, rancio o demasiado fuerte.
En el caso de filetes, hay que observar que la carne sea húmeda, firme y brillante, sin bordes secos ni manchas oscuras. Un filete demasiado blanco o uniforme puede indicar que fue lavado o tratado para disimular deterioro.
Los mariscos también tienen señales claras: El camarón crudo debe ser translúcido y firme, mientras que el pulpo y el calamar deben sentirse húmedos, pero nunca viscosos.
En ostiones, almejas y mejillones, las conchas deben estar cerradas o reaccionar al golpearlas ligeramente. Si permanecen abiertas, no deben comprarse.
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