Mucho antes de que Halloween se llenara de disfraces, calabazas y casas decoradas, en las antiguas comunidades celtas ya existía una celebración ligada a una noche considerada especial: Samhain.
¿Por qué se relaciona Samhain con Halloween?
Samhain significa “fin del verano” en gaélico antiguo y señalaba el cierre de un ciclo agrícola antes de la llegada del invierno, considerado la mitad más oscura del año.
Pero la fecha también tenía una dimensión sobrenatural. Según las creencias asociadas con la festividad, durante esta noche el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos se diluía, por lo que las almas de los difuntos y otros espíritus podían regresar temporalmente a la Tierra.
Esta creencia ayuda a entender uno de los elementos que hoy resultan familiares en Halloween: una noche dedicada a los muertos, los espíritus y lo sobrenatural.
Las hogueras tenían un papel importante en los rituales. Se encendían grandes fuegos como parte de las celebraciones, asociados con la protección, la purificación y el alejamiento de aquello que pudiera representar un peligro.
También existía la costumbre de utilizar pieles, cenizas o máscaras para cubrirse, una práctica vinculada con la idea de no ser reconocidos por los espíritus que, según la creencia, podían cruzar durante esa noche.
¿Qué tienen en común Samhain y Halloween?
Aunque Samhain y Halloween no son la misma celebración, existen elementos que permiten entender por qué suelen relacionarse.
La coincidencia más evidente es la fecha: ambas están vinculadas con la noche del 31 de octubre y el inicio del 1 de noviembre. A esto se suma la conexión con el mundo de los muertos, los espíritus y el uso de disfraces o máscaras para el festivo de ambas.
Sin embargo, Halloween evolucionó durante siglos y recibió influencias de distintas tradiciones, entre ellas celebraciones cristianas relacionadas con el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos.