Con la llegada de la canícula y el aumento de las temperaturas en estados del norte como Baja California, vuelve una pregunta frecuente entre la población: ¿el calor puede volver más irritables a las personas? La percepción es común durante el verano, cuando el cansancio, el estrés y la incomodidad parecen aumentar junto con el termómetro.
Más calor, más enojo: lo que la ciencia descubrió sobre el comportamiento humano en temperaturas extremas
En Baja California, donde durante el verano y la canícula algunas zonas como Mexicali pueden superar los 45 grados Celsius, es común escuchar comentarios sobre personas más irritables, impacientes o cansadas. Trabajadores expuestos al sol, estudiantes y conductores suelen reportar dolores de cabeza, agotamiento, dificultades para concentrarse y problemas para dormir durante los periodos de calor intenso.
Situaciones similares han sido observadas en países como Estados Unidos, España, India y Australia durante olas de calor prolongadas, donde autoridades sanitarias han advertido sobre un aumento en consultas relacionadas con estrés, ansiedad y agotamiento físico. Por ello, organismos de salud y protección civil recomiendan mantenerse hidratado, evitar la exposición al sol en horas de mayor intensidad y procurar espacios frescos para reducir los efectos del calor.
¿El calor puede alterar el comportamiento de las personas? Esto dice la ciencia
La ciencia respalda parte de esta percepción. Investigaciones recopiladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos y diversas universidades han encontrado que las temperaturas extremas pueden afectar el sueño, elevar los niveles de cortisol —la hormona relacionada con el estrés— y generar mayor sensación de incomodidad física.
Cuando una persona duerme menos, se deshidrata o permanece expuesta al calor durante largos periodos, puede experimentar irritabilidad, menor tolerancia a la frustración y cambios temporales en su estado de ánimo. Sin embargo, los especialistas aclaran que no existe evidencia científica de que el calor provoque por sí solo trastornos mentales o que "vuelva loca" a la gente. Más bien, el calor funciona como un factor que puede intensificar emociones y reacciones ya existentes, especialmente en personas sometidas a estrés o condiciones de salud previas.
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