La apariencia puede influir en la forma en que juzgamos a otras personas, incluso cuando existen hechos que deberían analizarse por separado. En psicología, este fenómeno se relaciona con el llamado ‘efecto halo’, un sesgo que puede llevar a atribuir cualidades positivas a alguien por una característica favorable, como su atractivo físico.
Este fenómeno puede hacerse visible en casos criminales muy mediáticos, donde la apariencia de los acusados también llega a influir en la conversación pública. Los casos de Daniel Sancho y Jeremy Meeks son dos ejemplos de ello.
¿Qué es el ‘efecto halo’?
El ‘efecto halo’ ocurre cuando una primera impresión positiva influye en la valoración de otras características de una persona. El concepto fue estudiado experimentalmente por Richard Nisbett y Timothy Wilson en 1977. En su investigación, los participantes evaluaron de manera distinta a un mismo profesor dependiendo de si lo habían visto comportarse de forma amable o distante.
Cuando se relaciona con la apariencia, una persona considerada atractiva puede ser percibida también como más confiable, inteligente, amable o competente, aunque no exista información que demuestre esas cualidades.
‘Efecto halo’ y otros sesgos: ¿en qué se diferencian?
Uno de ellos es el sesgo de atractivo, que se refiere específicamente a recibir un trato más favorable debido a la apariencia física. El ‘efecto halo’ es más amplio: puede partir del atractivo, pero también de otras características positivas.
También está el efecto cuerno, que funciona en sentido contrario: una característica negativa puede provocar que una persona sea juzgada desfavorablemente en otros aspectos.
Investigaciones sobre decisiones judiciales han encontrado que el atractivo puede influir en algunas evaluaciones, aunque los resultados no son iguales en todos los delitos ni en todos los contextos.
¿Criminales atractivos? Daniel Sancho y Jeremy Meeks, dos casos que dividieron a la opinión pública
El caso de Daniel Sancho comenzó en 2023, cuando fue detenido en Tailandia y acusado del asesinato y posterior desmembramiento del médico colombiano Edwin Arrieta. Durante la investigación y el proceso judicial, el caso recibió una amplia cobertura internacional y también generó numerosas conversaciones en redes sociales. Parte de esas discusiones se centraron en la apariencia de Sancho, con usuarios que expresaban simpatía hacia él, cuestionaban las acusaciones o incluso planteaban dudas sobre su capacidad para cometer un crimen de esa naturaleza. Esas reacciones no prueban por sí mismas la existencia de un ‘efecto halo’, pero sirven para observar cómo la imagen de una persona puede influir en la percepción que genera entre el público.
El caso de Jeremy Meeks muestra todavía con mayor claridad el peso que puede tener el atractivo físico. En 2014, Meeks fue detenido en California por delitos relacionados con armas y pandillas. La policía publicó su fotografía de arresto y, en cuestión de horas, la imagen se volvió viral. Miles de personas comenzaron a comentar sus rasgos físicos y recibió el apodo de ‘el delincuente guapo’.
La reacción fue tan grande que la conversación pública llegó a concentrarse más en su apariencia que en los delitos por los que había sido detenido. Algunas personas incluso expresaron admiración y simpatía hacia él. Después de recuperar su libertad, Meeks aprovechó la fama obtenida con aquella fotografía para iniciar una carrera como modelo.
Los dos casos permiten observar un fenómeno similar: la apariencia puede modificar la manera en que una parte del público interpreta a una persona acusada o relacionada con un delito. El atractivo no cambia los hechos de un caso, pero sí puede influir en las emociones, opiniones y conversaciones que genera.