El estrés no se queda solo en la cabeza, sino que también impacta directamente en el sistema digestivo. Cuando estamos en modo alerta, se activa el eje cerebro-intestino, generando señales que se transmiten desde el abdomen y pueden provocar desde náuseas y vómitos hasta síndrome de intestino irritable. Mantener hábitos de relajación y manejo del estrés es clave para cuidar tanto la mente como el cuerpo.