Conducir por las calles de Tijuana se ha convertido en una fuente constante de estrés para miles de automovilistas. El tráfico intenso, los largos tiempos de espera y la tensión acumulada pueden provocar ira al volante, disminuir la concentración y aumentar el riesgo de accidentes, además de generar afectaciones tanto en la salud física como emocional de quienes transitan diariamente por la ciudad.