Hace más de tres siglos comenzó una historia que transformaría para siempre la península de Baja California. En 1697 se fundó la primera misión permanente en la región, la misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó, encabezada por el misionero jesuita Juan María de Salvatierra. Desde ese momento inició un sistema de misiones que se extendería a lo largo de la península, estableciendo comunidades, caminos y centros de evangelización que marcarían el desarrollo de la región. Estas misiones no solo introdujeron la religión católica, también trajeron nuevas formas de agricultura, arquitectura y organización social que influirían en la vida de las comunidades locales. Con el paso del tiempo, el sistema misional se expandió hacia el norte, dejando construcciones históricas que aún hoy forman parte del paisaje cultural de Baja California. Muchas de estas misiones siguen en pie, recordando el encuentro entre culturas indígenas y la presencia europea en esta parte del continente.