Aunque suene imposible, existen personas que no sienten dolor debido a una condición genética rara llamada insensibilidad congénita al dolor. Quienes la padecen no perciben heridas, golpes o incluso fracturas, por lo que pueden lastimarse sin darse cuenta. En algunos casos, tampoco sienten correctamente el frío o el calor, lo que aumenta los riesgos en su vida diaria.