Entre las leyendas más populares de Aguascalientes destaca la historia de Alondra, una joven que, además de rezar por su familia, también dedicaba plegarias a Lucifer bajo la premisa de que nadie más lo hacía.
Tras consultar su caso con un sacerdote y sufrir un trágico accidente, la joven murió en circunstancias que dieron origen a un relato lleno de misterio, marcado por la aparición de un elegante desconocido en su funeral y unas rosas rojas en su tumba que, según la leyenda, nunca se marchitan.