En lo alto de la colina rocosa, donde el desierto se encuentra con el mar, se levanta el faro viejo de Cabo San Lucas, un lugar histórico y para muchos profundamente inquietante. Desde hace décadas, locales y visitantes hablan de una presencia que aparece en las noches más oscuras. Una silueta solitaria que camina alrededor del faro cuando la neblina cubre la costa y el viento del Pacífico parece susurrar nombres.