Aunque hoy es un símbolo universal, el árbol de Navidad tiene un origen mucho más antiguo. Su historia nace en Alemania, donde pueblos germánicos y celtas decoraban árboles perennes durante el solsticio de invierno como símbolo de vida. Con el cristianismo, San Bonifacio transformó el árbol sagrado pagano en un emblema cristiano. Más tarde, en Alemania surgió el árbol del paraíso, adornado con manzanas y hostias. Martín Lutero añadió velas que imitaban estrellas. Con el tiempo, estas decoraciones se convirtieron en esferas y luces modernas, y la tradición se expandió por Europa y América hasta convertirse en un ícono navideño global.












