Cientos de muñecas viejas cuelgan de árboles y paredes, muchas deterioradas por el tiempo. La historia comenzó con Don Julián Santana, quien, según la leyenda, encontró el cuerpo de una niña ahogada cerca de la isla donde vivía. Convencido de que su espíritu lo atormentaba, empezó a colgar muñecas para calmarla, una tras otra, durante años. Con el tiempo, el sitio se volvió un destino turístico que mezcla historia y misterio.