Disfrutar el terror no es tan extraño como parece. Un estudio de 2020 señala que las personas pueden encontrar placer en el miedo cuando este se mantiene en un nivel controlado: suficiente para generar tensión, pero sin llegar a ser abrumador. Es lo que algunos expertos describen como una “montaña rusa emocional”, donde el cerebro experimenta adrenalina y alivio al mismo tiempo.