En 1840 se desarrolló un sistema de transporte innovador conocido como tren atmosférico, que utilizaba vacío para impulsarse. Este mecanismo contaba con un pistón que succionaba el aire y empujaba el tren hacia adelante, eliminando la necesidad de locomotoras tradicionales.
Aunque fue un proyecto revolucionario, los trenes atmosféricos presentaron fallas y riesgos que limitaron su adopción, pero su diseño visionario lo convirtió en una idea adelantada a su tiempo, que todavía se recuerda como un hito en la historia del transporte.