La muerte de una investigadora en Siberia reavivó las especulaciones sobre los riesgos que podrían permanecer ocultos bajo el hielo durante miles de años. Mientras se mantienen las dudas sobre las circunstancias del fallecimiento de Daria Shipilova, el interés volvió a centrarse en los llamados “virus zombi”, microorganismos antiguos que científicos han logrado reactivar tras extraerlos del permafrost.
¿Qué se sabe sobre el llamado virus zombi?
Los llamados “virus zombi” son virus antiguos que permanecieron congelados durante miles de años y que investigadores consiguieron reactivar en condiciones de laboratorio. El término se utiliza para describir su capacidad de recuperar actividad después de permanecer preservados en el hielo, no porque conviertan a las personas en zombis.
Un equipo internacional encabezado por el investigador francés Jean-Michel Claverie identificó 13 virus antiguos en muestras de permafrost de Siberia. Entre ellos se encuentra el Pandoravirus yedoma, con una antigüedad estimada de más de 48 mil 500 años.
En el estudio, publicado en 2023, los investigadores analizaron virus capaces de infectar amebas. Por ello, el hallazgo no significa que hayan descubierto virus antiguos capaces de infectar a los seres humanos ni que exista una nueva pandemia en desarrollo.
¿Qué pasó con la investigadora que murió en Rusia?
Daria Shipilova, de 28 años, trabajaba en el Instituto de Investigación contra la Peste de Irkutsk, en Siberia. Murió el 2 de octubre de 2026 después de desarrollar una neumonía cuya causa no ha sido esclarecida públicamente.
El fallecimiento generó especulaciones sobre una posible infección relacionada con su trabajo, luego de que circularan versiones sobre un presunto accidente en el laboratorio.
No obstante, las autoridades rusas informaron que no encontraron microorganismos relacionados con su actividad profesional en los análisis realizados, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que no había identificado evidencia de transmisión en curso.
Aunque el caso generó preocupación por la posibilidad de una infección grave, no hay evidencia pública que permita relacionarlo con los virus antiguos del permafrost.













