Dejar de usar una tarjeta de crédito suele verse como una decisión responsable, especialmente para evitar deudas. Sin embargo, mantener una tarjeta completamente inactiva durante meses puede traer consecuencias importantes que muchas personas desconocen.
¿Qué sucede al dejar de usar las tarjetas?
En primer lugar, los bancos monitorean el uso de las tarjetas. Si no registran movimientos durante seis a doce meses, la institución puede bloquearla o cancelarla, ya que una tarjeta inactiva se considera poco rentable o de mayor riesgo.
El impacto más delicado aparece en tu historial crediticio. Aunque no usarla no genera intereses, si esa tarjeta representa una parte importante de tu línea total, su cancelación reduce tu crédito disponible y puede elevar tu nivel de utilización, un factor clave para el Buró de Crédito.
También entra en juego la antigüedad del historial. Las tarjetas más antiguas ayudan a demostrar experiencia financiera. Perder una línea de crédito con años de uso puede disminuir tu puntuación, sobre todo si tienes pocos créditos activos.
Ojo con los cargos automáticos
Otro riesgo es menos evidente: algunas tarjetas siguen generando cargos automáticos, como anualidades o seguros. Si no revisas tus estados de cuenta, podrías acumular comisiones e intereses sin notarlo.
La recomendación es clara: usa tu tarjeta de forma mínima pero constante. Una compra pequeña y liquida a tiempo mantiene activa la cuenta y protege tu historial. La clave no es dejar de usarla, sino usarla con responsabilidad.
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