El brote de ébola en la República Democrática del Congo mantiene separadas a decenas de familias en el hospital de Kitatumba, en Butembo.
Debido a los protocolos de aislamiento, los padres no pueden abrazar a sus hijos y deben observarlos detrás de ventanas de cristal. En su lugar, sobrevivientes del virus se encargan de cargarlos, consolarlos y acompañarlos durante su recuperación.
Uno de ellos es Jerkis Mahamba, de 29 años, quien superó la enfermedad después de permanecer 18 días hospitalizado. Ahora trabaja cuidando a menores y otros pacientes, utilizando equipo de protección. Sin embargo, la emergencia también enfrenta desinformación y violencia: el mes pasado, dos trabajadores comunitarios fueron atacados con machetes; uno murió y otro resultó herido.
Hasta finales de octubre de 2026, el brote acumulaba 10 mil 351 contagios confirmados y 5 mil 26 muertes, según cifras del Instituto Nacional de Salud Pública.
La enfermedad afecta principalmente a las provincias de Ituri y Kivu del Norte, aunque también se han reportado casos en Uganda, Kenia y Nigeria. Mientras continúan los esfuerzos para contener el virus, los sobrevivientes ayudan a atender a los enfermos y combatir el estigma en sus comunidades.














