El paso del huracán Gilberto quedó grabado en la mente de miles de personas como uno de los momentos más impactantes en la historia de huracanes en México.
Cuando este huracán categoría 5 tocó tierra, no solo dejó vientos devastadores a su paso por la península de Yucatán, sino que también puso a prueba la resistencia de toda la gente.
En aquel huracán ocurrido en 1988, las calles terminaron bloqueadas, la luz se fue por completo y la comunicación cayó casi al instante, haciendo que el panorama se sintiera bastante pesado para las familias que buscaban resguardarse del desastre.
En medio de todo ese desorden, la incertidumbre apretaba fuerte, pues en esos tiempos no había manera de revisar la trayectoria del meteoro en un celular como le hacemos ahora.
Las radiofrecuencias terminaron siendo el único alivio para estar al tanto de lo que pasaba afuera, mostrando que aun en los peores ciclones tropicales, la gente no se dejó vencer. Quienes estuvieron ahí recuerdan perfecto el miedo, pero también la calma que daba escuchar esa voz en la radio que avisaba qué zonas estaban en peligro y cómo iban las cosas.
¿Por qué el huracán Gilberto cambió para siempre a la península de Yucatán?
Al salir a la calle una vez que se calmó la tormenta, la respuesta fue la unión inmediata de la gente para levantarse de golpe a ayudar sin pensarlo dos veces, compartiendo comida, agua y herramientas para ir limpiando las avenidas y levantar los techos que la fuerza del viento se había llevado.
Ese apoyo mutuo demostró que, aunque un fenómeno de esta magnitud destruya lo material, la empatía y la buena voluntad del pueblo siempre son más fuertes que cualquier desastre natural.
Hoy en día, aunque la tecnología para monitorear estos fenómenos ha avanzado y la protección civil está mucho más organizada, la lección de solidaridad sigue bien presente.
La historia del huracán Gilberto no solo nos recuerda lo destructivo que puede ser el clima, sino la capacidad que tenemos para salir adelante juntos cuando la situación se pone difícil.