En el histórico Panteón de Belén de Guadalajara se encuentra una tumba que guarda una de las historias más conocidas y conmovedoras del lugar: la de Ignacio Torres Leyva, mejor conocido como Nachito.
Según cuenta la leyenda, el pequeño murió en 1882, cuando apenas tenía un año, y desde bebé sentía un profundo miedo a la oscuridad y a permanecer en espacios cerrados, por lo que sus padres acostumbraban dejar las luces encendidas en su habitación para tranquilizarlo.
La historia cuenta que, después de ser sepultado, el velador del panteón encontraba su ataúd fuera de la tumba cada mañana, por lo que fue enterrado nuevamente en varias ocasiones sin que el supuesto fenómeno dejara de repetirse.













