Una creencia popular sostiene que decir groserías en voz alta ayuda a enfrentar sustos nocturnos y episodios de parálisis del sueño. Aunque no está comprobado, insultar puede activar respuestas emocionales del cerebro y generar una descarga de adrenalina ante el miedo.
Durante la parálisis del sueño, el cerebro despierta mientras el cuerpo permanece temporalmente inmóvil. La sensación de reaccionar y enfrentar el miedo podría explicar por qué algunas personas recurren a esta práctica.