En Tijuana hay quienes ya dominan una habilidad que no aparece en ningún currículum: hacer fila. Ya sea para cruzar la frontera, comprar algo, llegar al trabajo o sobrevivir al tráfico diario, los habitantes de la ciudad fronteriza conocen de memoria los semáforos, los atajos y hasta el momento exacto en que su paciencia empieza a agotarse. Según estimaciones, los trayectos podrían representar alrededor de 72 horas al año atrapados en el tránsito, es decir, tres días completos que se van entre cláxones, vueltas largas y el eterno “ya casi llego”.