El sur y sudeste de Brasil sufrieron el embate de un severo temporal caracterizado por granizadas destructivas, lluvias intensas y una inusual actividad de tornados.
El fenómeno fue impulsado por la combinación de un ciclón extratropical y un potente frente frío al chocar con el aire cálido y húmedo de la Amazonía. Las ráfagas de viento superaron los 100 km/h, causando importantes daños a su paso.
La situación meteorológica sigue siendo altamente inestable en la región. El Instituto Nacional de Meteorología de Brasil (INMET) emitió nuevas alertas rojas ante la llegada de un nuevo sistema de baja presión.