Ahora que la temporada navideña va llegando a su fin, muchas familias se preguntan si existe realmente un momento “correcto” para quitar el árbol de Navidad sin arriesgarse a la famosa mala suerte que tanto se comenta en las redes y en las pláticas familiares. La respuesta no es tan rígida como los memes que viste, pero sí tiene raíces culturales, religiosas y hasta prácticas que han marcado tendencia año tras año.
Una creencia bastante generalizada —y que ha circulado mucho en redes sociales estas últimas semanas— sugiere que dejar el árbol de Navidad más allá de la Noche de Reyes puede traer mala suerte en el año entrante. Aunque poca gente sabe exactamente de dónde viene este mito, está ligado a tradiciones antiguas que establecen el cierre de la temporada navideña justo cuando los Reyes Magos completan su recorrido tras visitar al Niño Jesús.
¿Cuál es la fecha “oficial”?
Desde hace tiempo, muchas familias han adoptado la costumbre de retirar las decoraciones, incluido el árbol, la noche del 5 de enero o el 6 de enero, justo después del Día de Reyes. Estos días representan también la denominada Duodécima Noche o la Epifanía, que según la tradición cristiana marca el final del periodo festivo navideño.
Este patrón no es casual: la idea es despedir el ciclo navideño al concluir los Doce Días de Navidad, que empiezan el 25 de diciembre y terminan con la llegada de los Reyes Magos. Por eso, pensar en dejar las luces y el árbol después de estas fechas se ha vinculado con supersticiones sobre energía estancada o malas vibras, aunque no hay estudios serios que respalden que el árbol en sí pueda afectar tu suerte.
¿Y si lo desmontas antes?
Aunque muchos siguen fielmente el 5 o el 6 de enero, recoger el árbol antes de esa fecha tampoco es garantía de mala suerte. En realidad, esa creencia se ha vuelto más una etiqueta cultural que una regla estricta. Muchas familias optan por desmontar las luces y el árbol incluso entre el 26 de diciembre y el 1 de enero por pura practicidad: niños, regreso a clases, limpieza y la rutina del nuevo año empujan a muchos a anticiparse.
Mira cómo lo hacen en otras partes
La tradición no es igual en todos lados. En algunos países de Europa, como el Reino Unido, muchas personas siguen colocando todo hasta la Twelfth Night (Noche de los Doce Días), ya sea el 5 o el 6 de enero, porque consideran que retirar antes puede cortar el simbolismo y la celebración completa.
En otras culturas, como en partes de Latinoamérica, el 6 de enero (Día de los Reyes Magos ) es el día más esperado, y la limpieza general de toda la decoración familiar —incluido el árbol— suele ocurrir ese mismo día o el 7 de enero por la mañana.
¿Mala suerte o sentido práctico?
Más allá de las supersticiones, también hay razones prácticas para planear bien cuándo quitar el árbol. Si tienes un árbol natural, por ejemplo, mantenerlo adentro por mucho tiempo puede aumentar el riesgo de que se seque demasiado y se convierta en un peligro de incendio. Además, muchas ciudades ofrecen servicios de reciclaje de árboles entre principios y mediados de enero, lo que también influye en la decisión de las familias.
¿Qué dice la tradición real?
En realidad, el calendario litúrgico tradicional cristiano no pone una regla rígida sobre cuándo retirar el árbol, sino que marca el cierre de la temporada navideña con festividades como La Epifanía o incluso el 2 de febrero (Día de la Candelaria) en algunas comunidades, lo que simboliza el final espiritual de las celebraciones. Algunos hogares mantienen decoraciones hasta ese día, cerrando completamente el ciclo navideño.
Al final, ¿qué hacer?
La buena noticia es que no existe una “ley” universal sobre esto: se trata de una mezcla entre tradición, superstición, costumbre familiar y conveniencia. Si quieres jugar sobre seguro según la tradición más extendida, quitar tu árbol entre el 5 y el 7 de enero de 2026 es la opción que muchos recomiendan para evitar comentarios de mala suerte y al mismo tiempo respetar el simbolismo de los Reyes Magos.
Pero si tu hogar ya necesita espacio, o si tu árbol natural parece más seco que festivo, desmontarlo antes —o incluso un poco después— no va a traer desgracias automáticas, especialmente si lo haces con sentido común y seguridad en mente.
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