Los supermercados utilizan estrategias de neuromarketing para hacerte caminar más tiempo y ver más productos. Por ejemplo, los básicos como leche, pan o huevo suelen estar hasta el fondo. ¿La razón? Obligarte a recorrer toda la tienda. Mientras caminas, te expones a decenas de productos que no pensabas comprar y ahí entra la compra impulsiva. De hecho, gran parte del tiempo en el súper lo pasas solo recorriendo pasillos. Además, el diseño tipo laberinto, los pasillos amplios y la iluminación están pensados para que avances más lento y observes más. Y si sientes que ya no encuentras nada, no es tu imaginación. Cambian los productos del lugar constantemente para que busques y consumas más. Todo está calculado para una cosa, que gastes más sin darte cuenta.