En la Plaza de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, todavía sobreviven los escribanos públicos, personas que redactan cartas, solicitudes y documentos utilizando máquinas de escribir. Durante décadas, este oficio fue una ayuda para quienes necesitaban realizar trámites, escribir cartas de amor o comunicarse con familiares que vivían lejos.
Sin embargo, con la llegada de las computadoras, los celulares y los trámites digitales, el oficio ha ido desapareciendo. En noviembre de 2025, un reportaje de Chilango señaló que solamente seis escribanos continuaban trabajando en la plaza. Entre ellos está Miguel Hernández, quien lleva alrededor de 50 años poniendo en palabras las historias y necesidades de otras personas.













