¿Alguna vez has visto un arcoíris aunque donde estás no esté lloviendo? No necesariamente se trata de algo extraño: puede ser simplemente una cuestión de perspectiva y ubicación.
Para que aparezca un arcoíris, la luz del Sol debe atravesar pequeñas gotas de agua que se encuentran frente a ti. Al entrar en ellas, la luz se refracta y se separa en los distintos colores que podemos observar en el cielo.