En el bosque de bambú de Arashiyama, en Kioto, Japón, el viento no solo mueve los árboles: también crea un sonido que muchos comparan con una melodía interpretada por la naturaleza. El peculiar “canto” se produce cuando las altas cañas de bambú, que pueden superar los 20 metros de altura, se balancean y chocan entre sí.