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¿Cómo saber si los huevos que tienes en casa podrían estar contaminados con salmonella?

Tras la alerta por casos de salmonella en huevos en Estados Unidos, conoce cómo identificar si los que tienes en casa podrían estar en mal estado y cuándo debes desecharlos.

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|Crédito: unsplash, Jakub Kapusnak

La reciente alerta sanitaria emitida en Estados Unidos por un brote de salmonella relacionado con algunos lotes de huevos ha generado preocupación entre los consumidores. El brote, que dejó alrededor de 100 casos confirmados en 17 estados, llevó a las autoridades sanitarias a reforzar las recomendaciones para identificar productos que podrían representar un riesgo para la salud.

Aunque un huevo contaminado no siempre presenta cambios visibles, existen algunas señales que pueden ayudarte a detectar si está en mal estado antes de consumirlo.

¿Cómo se contamina un huevo con salmonella?

La salmonella es una bacteria que puede estar presente en aves de corral, como gallinas y pollos. En algunos casos, estos microorganismos pueden contaminar los huevos durante su formación o después de la puesta, especialmente si no se manipulan o almacenan correctamente.

Consumir huevos contaminados puede provocar una infección conocida como salmonelosis, cuyos síntomas incluyen diarrea, fiebre, dolor abdominal, náuseas y vómito.

¿Cómo identificar un huevo en mal estado?

Uno de los métodos más conocidos para comprobar la frescura de un huevo es la prueba de flotación.

Solo necesitas llenar un recipiente con agua fría y colocar el huevo en su interior.

  • Si se hunde y permanece acostado en el fondo, el huevo está fresco.
  • Si se hunde, pero queda de pie o inclinado, sigue siendo comestible, aunque ya no es tan fresco.
  • Si flota hasta la superficie, lo más recomendable es desecharlo, ya que probablemente está descompuesto.

Además de esta prueba, también es importante revisar el huevo una vez que se rompe. Si desprende un olor fuerte o desagradable, presenta una apariencia inusual o muestra cambios evidentes en su color, no debe consumirse.

La cáscara también puede ofrecer señales de alerta. Si tiene grietas, manchas, una textura pegajosa o viscosa, es preferible no utilizar ese huevo, ya que podría haber sido contaminado por bacterias.

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