La tamalera de Tijuana vendía de carne humana afuera de hospital
Crédito: Pixabay / Víctor González
21 enero 2023
Fabiola Lirios
Viral y Tendencia

“La tamalera de Tijuana” vendía de tamales de carne humana

Afuera de un hospital en la 5 y 10, la “tamalera de Tijuana” vendía tamales y burritos; hasta que un día descubrieron que usaba carne humana y de animales.

Doña Verónica o Doña “Vero”, como era conocido por sus colegas comerciantes y clientes asiduos, tenía un puesto de comida en el que ofrecía tamales, burritos, avena, champurrado y jugos, pero un día normal se convirtió en pesadilla cuando descubrieron que en realidad los tamales de carne eran de humano y fue conocida como la “tamalera de Tijuana”.

Cuenta la leyenda que “Vero”, todos los días atendía su puesto de tamales ubicado justo afuera de un hospital en la 5 y 10, donde ofrecía delicioso burritos también a las personas que pasan y quienes entraban a la clínica para preguntar por sus enfermos.

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Desde las 5 de la mañana hasta pasado el mediodía, estaba ahí Doña Vero hasta vender todo su producto, el cual estaba a la vista y según la clientela, se veía limpio, por lo que mucha gente le compraba a ella.

Tamales de carne... humana

Pero un día de abril de 1991, uno de sus clientes, un hombre de unos 30 años de edad, mientras estaba comiendo en el puesto de Doña Vero cuando empezó a decirle groserías pues encontró algo demasiado desagradable y nauseabundo. Se trataba de un dedo humano dentro del tamal de carne.

Para pronto, los otros clientes se disgustaron y empezaron a gritar también, mientras una muchedumbre se abarrotaba en el puesto de la tamalera de Tijuana.

Ante los hechos, los guardias del hospital ubicado sobre el bulevar Diaz Ordaz en la Mesa de Tijuana, y quienes también solían comer los tamales de la señora, llamaron a la Policía porque no sabían lo que ocurría.

Al llegar los oficiales, la mujer de 65 años, con rostro angelical y trato amable se veía desconcertada y no pudo responder a los cuestionamientos de la enojada clientela. Fue entonces que la llevaron a la comandancia para entrevistarla y ahí comenzaría el terror.

La mujer alegó que así le había vendido la carne en el mercado y que no sabía por qué había salido un dedo humano en los tamales.

Catean el domicilio de la tamalera del terror

Ante la evasión de sus respuestas, al día siguiente las autoridades emitieron una orden de cateo y se dirigieron al domicilio de la tamalera.

Desde afuera todo parecía normal, pero al entrar se dieron cuenta que todo estaba muy limpio, así que fueron al patio trasero donde estaba un cuarto lo que más bien parecía una bodega.

Tras romper los candados y encender la luz, los oficiales vieron algo horrible y grotesco.

Las paredes estaban manchadas de sangre, había cubetas con vísceras rociadas con cal, el piso estaba aceitoso, el olor putrefacto era más terrorífico que insoportable y lo peor estaba por ser descubierto.

Además de cabezas de perros y gatos repartidas en otros recipientes, en el cuarto estaba un refrigerador que guardaba medio cuerpo humano, el de un hombre, todo esto combinado con los ingredientes de los tamales.

Confesión de la tamalera de Tijuana

Al saber que todo fue descubierto, la mujer, originaria de Veracruz, no tuvo más remedio de confesar las atrocidades que ocurrían en ese cuarto de su casa.

Según la tamalera de Tijuana, el medio cuerpo del refrigerador era su esposo, Don Efrén de 65 años edad, a quien había asesinado días atrás y, para deshacerse del cadáver, lo convirtió en ingrediente para sus tamales de carne.

La vendedora aceptó que entre ella y su difunto esposo capturaban perros y gatos de la calle para hacer de ellos carne y ponerla en la comida que vendía afuera de la clínica en la 5 y 10.

Pero de un tiempo para acá, el hombre se rehusó a ayudarle a preparar los alimentos ,así que decidió asesinarlo a sangre fría con un cuchillo que le enterró por la espalda.

Fue así que la tamalera de Tijuana fue condenada a prisión donde pasó sus últimos días, no sin antes pedir que su hijo, un hombre de 37 años y con síndrome de Down, fuera recogido por un albergue para su atención.

Solo se supo que su hijo murió de tristeza años más tarde y hasta ahí llegó el legado de la “tamalera del terror”, como todavía muchas otras personas la recuerdan.

Con información de Tijuana en el Tiempo.

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