En pleno desierto de Nazca, en Perú, se encuentra uno de los mayores enigmas arqueológicos del mundo: enormes figuras y líneas grabadas sobre el suelo hace más de mil 500 años, muchas de las cuales solo pueden apreciarse completamente desde el aire. Estos geoglifos abarcan cerca de 450 kilómetros cuadrados y han logrado conservarse gracias al clima extremadamente seco y a la escasa erosión de la región.