En 1910, un matrimonio sin hijos vivía tranquilamente. Un día, dos hombres pidieron agua y fueron invitados a quedarse. Durante la noche, los hombres encadenaron al esposo y lo arrojaron al pozo. Al día siguiente, desaparecieron sin dejar rastro. Desde entonces se escuchan cadenas, arrastrándose cerca del pozo. Una historia que desafía la leyenda de Tecate.











